Santa Hildegarda de Bingen, ruega por nosotros

Posted on septiembre 17, 2013

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Durante años y como parte de mi trabajo he remontado en barco a menudo el tramo del Rin entre su confluencia con el Mosela en Coblenza y las ciudades de Rüdesheim y Bingen. Son kilómetros en los que el río avanza encerrado en un valle amplio de laderas escarpadas saturadas de viñedos cultivados en bancales y coronadas de castillos imponentes. Los pueblos en sus orillas son conglomerados de casas de entramado de madera, iglesias góticas católicas y evengélicas y calles estrechas. A menudo, han conseguido mantener partes de su antigua muralla y hoy en día combinan la actividad agrícola secular con el turismo.

Éste es el territorio en el que vivió, durante el siglo XII la monja benedictina Hildegard von Bingen. En estos pueblos, de Colonia a Treveris, predicó, interpretó sueños y anunció el fin de los tiempos. Desde aquí se carteó con papas y reyes que buscaban su consejo y temían su condena. Ésa es la razón por la que viajé por primera vez al Rheinland y en Hildegard es en quien pienso cada vez que estoy allí.

Hildegard

Hasta la década de 1970 Hildegard von Bingen apenas era conocida fuera de esta región y del ámbito de los estudiosos de la teología medieval alemana y ni siquiera entre éstos parece que haya sido extremadamente popular: en su Habilitationschrifft de 1957, Joseph Ratzinger -el futuro Papa Benedicto XVI, quien habría de canonizarla y nombrarla Doctora de la Iglesia treinta y cinco años después- dedica un capítulo entero a los llamados “simbolistas alemanes” del siglo XII -Ruperto de Deutz, Honorius Augustodunensis y Anselmo de Havelberg- en el que no considera necesario ni siquiera mencionarla. Por eso resulta especialmente llamativa la recuperación de su obra a partir de los años 70. La recuperación primero de su producción musical e, inmediatamente después, de sus dibujos, sus textos teológicos, sus obras de medicina e incluso sus recetarios de cocina han elevado a la monja alemana a una especie de estrellato religioso y cultural en el que la reivindican no sólo los católicos, sino también los defensores de la música antigua, el feminismo, las nuevas espiritualidades y, cómo no, la industria turística alemana.

Hoy, por primera vez, todos los católicos podemos celebrar la festividad que llevan años festejando los católicos alemanes y los admiradores de Santa Hildegarda. El año pasado Benedicto XVI rompió el bloqueo que afectaba a la causa de canonización de la benedictina y, en un gesto tremendamente significativo -y mucho más sabiendo, como sabemos ahora, lo inminente de su renuncia-, la proclamó Doctora de la Iglesia.

Como tantos otros, conocí a Santa Hildegarda a través de su música. Las grabaciones que hicieron durante la década de 1990 los miembros del conjunto Sequentia y que publicaría Deutsche Harmonia Mundi fueron mi vía de acceso al resto de su obra y siguen estando entre la música que más escucho. Bajo el título de Symphonia armonie celestium revelationum, Hildegarda de Bingen recopiló una serie de piezas escritas para la vida religiosa de la comunidad que dirigía así como un drama moral, uno de los más antiguos que se conservan: el Ordo Virtutum. Los textos de Santa Hildegarda evidencian su talento poético y la profundidad de su visión mística. La música, pese a estar basada en la monodia tradicional gregoriana y adaptarse a los requisitos rituales para los que ha sido escrita, presenta una amplitud de intervalos, una riqueza melismática y una extensión absolutamente únicas en la música de la época, algo que se aprecia perfectamente en las grabaciones de Sequentia o de Anonymous 4, en las que aparecen intercaladas -tal y como lo estarían en la vida religiosa cotidiana de la santa y sus hermanas- con música gregoriana tradicional.

La obra teológica de Santa Hildegarda de Bingen está recogida en tres libros dictados a su confesor y confidente, Volmar. Sus títulos son Scivias, Liber Vitae Meritorum y Liber Divinorum Operum Los textos surgen de sus visiones místicas que dan forma a una teología de marcado carácter antropocéntrico. Tal vez lo más conocido y fascinante de estos libros sean sus elementos escatológicos. Hildegard von Bingen comprobó en vida la incapacidad del Papa Alejandro III y del Emperador Federico Barbarroja para resolver sus diferencias y el cisma que éstas habían causado y poner en marcha la reforma que la iglesia necesitaba y eso generó en ella una desconfianza hacia ambas instituciones, el Papado y el Imperio, la Iglesia y el Estado, que no tiene parangón en la teología medieval. La famosa visión de la santa en la que la Iglesia aparece como una dama de blanco con la cara manchada por los pecados de sus sacerdotes fue citada expresamente por Benedicto XVI durante la alocución en la que anunciaba la canonización de Hildegarda y puesta en relación con los escándalos que han afectado a la Iglesia Católica durante los últimos años.

Hildegard_von_Bingen_Liber_Divinorum_Operum

Aunque hoy estoy muy lejos del valle del Rin y antes de que acabe la semana comenzaré un viaje por la tierra de los cátaros, a los que la monja alemana combatió con dureza, hoy empiezo el día diciendo: Santa Hildegarda de Bingen, ruega por nosotros.

Nota

Algunos me habéis preguntado por qué no he enlazado música en este post. Mis versiones de referencia de las composiciones de Santa Hildegarda son las de Sequentia y Anonymous 4. Aquí inserto un par de enlaces.


Anonymous 4 interpretan la música para la festividad de Santa Úrsula


Uno de los clásicos de Sequentia interpretando la música de la santa